Vivo de milagro, Julio A. Hernández y la caída que lo transformó como jinete y persona

Por Emmanuel “eMMa” Márquez

Un hipódromo Camarero abarrotado vio debutar a Julio Ángel Hernández como jinete el primero de enero de 2011 y conseguir una victoria de punta a punta sobre el ejemplar Colosal. Sin embargo, nínguno de los allí presentes pensó, que tan solo tres meses después, la vida de aquel jinete de apenas 20 años colgaría de un hilo tras un accidente en aquella misma pista. 

El espacio se ve lo suficientemente grande para pasar en los ojos de Hernández, pero cómo saberlo con certeza si tu experiencia como jockey profesional es de solo tres meses. No importa, Hernández va a todas, en su mente, Grand Ilusión, un caballo peruano de nueve años con 87 carreras en su historial, pasará por aquel túnel que formaban otros dos caballos para ganar la 5ta carrera del jueves 31 de marzo de 2011.

A la altura de los 600 metros finales, entre la crin y las orejas de Grand Ilusión ya Hernández puede ver el Gran Stand y el resplandecer de los cristales del Clubhouse ante la luz del Yunque. Se ve ganador. 

Hernandez se equivoca, el espacio era más pequeño de lo esperado y su caballo venía más cansado de lo pensado. Acto seguido se tropiezan las patas de los caballos que hacen un emparedado con él. En este punto el desastre es inevitable. Hernández cae de su caballo y varios segundos luego la pesadilla se torna más oscura cuando otro ejemplar que venía detrás del grupo lo impactó en seco como un tren de vapor lejos de su próxima parada. No hubo tiempo para cubrirse ni para lamentarse. Lo próximo es el sabor a sangre en la boca, la arena en los ojos  y el aire grueso y húmedo que trata y falla en entrar a sus pulmones. Cuando el jinete natural de Juan Asencio en Aguas Buenas volvió a abrir los ojos, su vida era otra. Le tocaba comenzar de nuevo, como jinete y como persona.

“Como aprendiz cometí un error de meterme en un espacio que no cabía y el caballo no me ayudó y me fui. De lo próximo que me acuerdo es cuando me levanté en el hospital”, contó Hernández vía telefónica desde Maryland a Easy Endurance.

“Fue todo [daño] facial, yo perdí la mayoría de los dientes, los dos pómulos [fracturados], la quijada/mandíbula, nariz [fracturada], perdí la órbita del ojo, yo no tengo encía, me hicieron una traqueotomía porque no podía respirar en el momento que pasó y sangrado pulmonar leve”, añadió el jinete sobre los daños que sufrió en la caída.

Hernández pasó doce días en coma y otros 22 en cuidado intensivo. Nada estaba garantizado.  Tras dejar el hospital, prosiguió un proceso largo y tedioso de recuperación -física y mental- que se extendió por cinco meses. Hernández tuvo que aprender a tragar, hablar y caminar entre otras cosas. 

“Tenía que comer todo molido, me partí la quijada, tenía la boca cosida, pegada con alambre para que sellara el hueso y después que me sueltan la mandíbula, se quedan los dientes pegados y por más que trataba de abrirlos no podía.  Estuve casi dos semanas para abrir la boca. Yo me salvé porque el doctor dijo que yo era joven y tenía condición de atleta. Cualquier otra persona se hubiera quedado en el impacto. Cuando salí del la coma, el doctor pidió que no me ensenaran una foto ni un espejo, que esperaran a que me recuperara y ahí me explicaban”.

Vídeo tomado del canal de Joe Bruno en YouTube

El Julio Hernández que cuenta ese episodio en estos días con una serenidad escalofriante es muy diferente al que galopaba y montaba por los predios del hipódromo entre 2010 y 2011. Mientras convalecía entre músculos lastimados y huesos adoloridos, en su mente Hernández recapacitó sobre los errores que había cometido como persona hasta ese día y los cuales quería comenzar a enmendar inmediatamente, sobretodos con sus más allegados. La culpa le carcomía por dentro con cada bocado que le daba su madre a quien pocas veces llamada antes o con cada vez que lo ayudaban a ir al baño uno de sus familiares de quienes frecuentemente ignoraba los mensajes de texto o con cada terapia a la cual le acompañaba su padre quien siempre ha sido su fanático número uno. 

“A mí me cambió la vida cuando me estaba recuperando”, sostuvo Hernández. “Antes de yo caerme, yo me daba mucha importancia, yo era un poco arrogante con mi familia, yo no veía a las personas que estaban al lado mío. Al yo caerme y estar sin poder hablar, al yo ver ese apoyo, yo lloraba porque yo no podía hablar, no podía desahogarme y me tragué todo eso como por dos meses”. Entre las personas que Hernández destaca que le ayudaron en su recuperación, sobresalen Irad Ortiz Jr. y su familia con quienes vivió durante más de un año mientras eran compañeros en la Escuela Vocacional Hípica.

En agosto 13 de 2011 comenzó la segunda gira de Hernández como jinete. Tras cinco meses fuera lo que estaba predeterminado para él nadie podría evitarlo. Sus ganas de triunfar y su habilidad natural se impusieron. Desde que regresó a Camarero, Hernández fue exitoso logrando victorias rápidamente y finalizando el año con 104 triunfos y otras 147 en 2012 de la mano del agente Jesús M. Rossy.

Sin embargo, Hernández estaba lejos de ser la mejor versión de sí mismo. Con el éxito llegaron muchas distracciones que sacaron al jinete de su rutina óptima. La ética de trabajo se debilitó y así mismo fueron desapareciendo las oportunidades en el negocio.  Una vez más, Hernández había dado por sentado las bendiciones que recibía y tocaba fondo.

“De la nada yo me creía que la gente dependía de mí”, contó el piloto de 30 años. “[Yo decía] yo estoy ganando, voy a dejar de ir a trabajar por las mañanas, me tienen que usar como quiera. Cuando yo me quedaba, había gente que se levantaba y poquito a poquito, por mis errores, perdí lo que tenia y cuando miré a ver los únicos que me quedaban al lado fueron los que me ayudaron desde cero, no me dieron la espalda, Allison Escobar y Julio Díaz Jr. Esas son las dos personas que yo debería agradecer por el resto de mi vida”

“Yo llegué un momento donde yo pariseaba más de lo que trabajaba porque me creía el más [importante], eso me perjudicó, se me cayó el negocio. Yo en Puerto Rico estaba ignorante”.

Como ser humano nunca se para de aprender. El que quiere, aprende hasta en su último día en la tierra. Hernández aprendió, a cantazos, pudiera decirse, que no se puede dar nada por sentado y que las metas solo se consiguen con el trabajo duro y consistente. 

A pesar de su descenso, dos años después de su accidente, en 2013, Hernández recibió una oferta de uno de sus máximos auspiciadores hasta el momento y que podría cambiaría su destino. El preparador Julio Díaz Jr. y la propietaria Lucita Cuprill le propusieron trasladarse con ellos hacia el circuito de Filadelfia y probar suerte en los Estados Unidos por primera vez en su carrera. Hernández no lo pensó mucho y con 200 dólares en el bolsillo como seguro de vida emprendió lo que hasta ahora considera ha sido la mejor decisión en su vida. 

Tampoco fue fácil allá. Establecerse en un circuito nuevo con la barrera del idioma y un clima retante, requirió del empeño y sacrificio de Hernández. Del 2013 al 2017 el piloto tuvo éxito razonable ganando entre 60-90 carreras anualmente. En cambio y como resultado de sus consistencia, todo clickeo en 2018 cuando consiguió 188 triunfos incluyendo tres victorias clásicas y superando los 3,000,000 en premios por primera vez en su carrera. Ambos los mejores números de su carrera.

Felizmente casado y padre de tres hijos, Hernández, quien es representado actualmente por Martin Salvaggio, ha construido una vida en Pensilvania en donde ha sido jinete líder en un par de ocasiones. Además, monta frecuentemente en todos los hipódromo del área incluyendo a Laurel Park, Delaware y los de Nueva York. La transformación es real y total.

“Ahora me invitan a salir y yo automáticamente digo que no, porque yo tengo mi sistema”, explicó Hernández. “Me levanto, tengo mi itinerario, saco mis caballos, me voy a dormir y por la noche me voy a montar. Pero cuando tú eres jockey y te quieres dar importancia, aceptas el sistema de que quieres ir a salir y que te invitaron. Pero no te das cuenta de que tienes gente mirándote y cuando esas personas te miran sin tú querer, te perjudican con comentarios bobos, ‘ahh vimos a Julio’. Eso es lo que distingue a el que llega o no llega”.

Ganador de 148 carrera en 2021 y 131 en lo que va de 2022, Hernández dice que se encuentra en su mejor momento.  Sus 1,329 triunfos de por vida son el mejor recordatorio de que dejar atrás el pasado es un acto  liberador siempre y cuando no se comentan los mismo errores. Activo en Puerto Rico por última vez en 2018, Hernández no olvida, pero tampoco mira mucho hacia la retaguardia.

“Después de ese día, eso murió, me recuperé y borré cuenta. No le di casco a eso. Dominé ese sistema, no me dio ese miedo que probablemente algunas personas no vencen. Eso me hizo fuerte, cojí el ejemplo de no cometer errores”, puntualizó Hernández.

Julio tiene un ángel. 

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